¿Miedo o amor? ¿De qué lado estás?

EL AMOR GENERA ADICCIÓN

Todos hemos experimentado en alguna ocasión ese sentimiento llamado amor que nos saca esa «sonrisita» tan especial y que nos permite estar temporalmente «en las nubes». Incluso, hasta sentimos mariposas en el estómago cuando sabemos que vamos a ver a esa persona.

Esto es así porque gracias al sentimiento de enamoramiento, liberamos endorfinas, adrenalina y dopamina, neurotransmisores encargados de la felicidad. Nos sentimos especialmente bien, provocando cierta euforia…Y es que, el Amor genera adicción.

Pero al ser humano le gusta tenerlo todo controlado y el Amor es algo que se le escapa de su control. Por eso, empieza a experimentar que algo se tambalea y que por tanto, debe volver al equilibrio inicial cuanto antes.

¿AMOR PARA TODA LA VIDA?

Conocemos a alguien que nos atrae, entablamos conversación con esa persona, fantaseamos con la idea de intimidar con ella, conseguimos una cita y encima ¡nos corresponde!¡La cosa no podía ir mejor!
Pero lo cierto es que el ser humano tiende a «sabotearse» y nuestra mente se pone rápidamente en marcha tratando de comprender qué nos está pasando, intenta poner nombre a eso que estamos sintiendo e incluso en ocasiones comienza a imaginar cómo sería nuestra vida con esa persona. Esto puede hacer que algunas personas sientan literalmente que esta situación les está ahogando o desbordando.

Y DE REPENTE, TODO SE DESVANECE…

Aquello que sentíamos minutos antes, ahora nos confunde, nos asusta, nos ahoga y nos paraliza. Este es el preciso momento en el que te dejan diciendo “no estoy preparado/a para una relación”, “prefiero tenerte como como amigo/a”, O cuando empezamos a dejar de contestar a los mensajes de WhatsApp así sin más, o si lo hacemos es a través de las estrategia de las 3C: Corto, Concreto, y Conciso (lo que viene siendo: Cerrado/a a la Comunicación Contigo).



»En el momento en el que abrimos las puertas al pensamiento, cerramos las ventanas al sentimiento».


El miedo aparece para alertarnos de la existencia de algún peligro. Su función consiste en ponernos en alerta y activar el proceso de huida. Por eso tiene que convencer a la persona de que «eso» no es lo que quiere y no puede permitir que se dé el enamoramiento ya que piensa y cree firmemente que acabará sufriendo por ello: «Acuérdate lo mal que lo pasaste la última vez», «corre, sal de ahí o te volverá a pasar», «tú no quieres una relación», » a esta persona no le gustan las mismas cosas que a ti»,» no tienes muchas cosas en común con él/ella» ,»con lo bien que estás solo/a, te va a quitar tu libertad»… No son más que las justificaciones que fundamentan el miedo, pero sin embargo, cobran fuerza, parecen tener cierto sentido y nos acaban convenciendo…



»El miedo nace de nuestras creencias, se alimenta de nuestros pensamientos, crece cuando le escuchamos, se reproduce cuando no actuamos y muere cuando por el corazón nos guiamos».
En definitiva, el miedo sólo pretende una cosa: no quiere sacar a la persona de lo que conoce para que ésta sienta seguridad y relativa tranquilidad. Por lo tanto, tratará de convencernos de que lo que hay fuera es peligroso y no nos conviene. Quiere que nos quedemos donde estamos porque  ahí sabremos siempre qué hacer y cómo comportarnos.

A corto plazo se produce esa «falsa» seguridad porque al huir del estímulo temido, disminuye la ansiedad, pero a largo plazo puede generar lo que se conoce como Filofobia o miedo al amor que conlleva un aumento de la dificultad a la hora de enfrentarnos a nuevas situaciones afectivas.

LO RECONOZCO: TENGO MIEDO AL AMOR, ¿Y AHORA QUE HAGO?

El miedo tiene tres respuestas: evitación, parálisis y afrontamiento.
La única que nos lleva realmente a vencerlo es la última de las tres posibilidades. Pero para poder afrontarlo y hacer que el miedo no se apodere de nosotros la próxima vez que nos guste alguien, debemos:

  1. Reconocer que tenemos miedo. Acéptalo, no pasa nada, es algo común, ¿quién no lo tiene?
  2. Identificar a qué tenemos miedo. Hay muchas formas de manifestarse: miedo al compromiso, miedo al rechazo, miedo a perder la identidad, miedo a sufrir, miedo al fracaso…
  3. Desmantela esos argumentos  que has creado para justificarte, quítales valor pues no tienen el fundamento que crees. Te invito a que los transformes hacia otros más positivos como por ejemplo: «el amor puede traerme cosas buenas» o «Hay personas maravillosas y yo he encontrado a una de ellas».
  4. Acoge el reto que te pone la vida y aprovecha la oportunidad para dar y recibir amor. ¡Relájate y disfruta!

¿No crees que ya es hora de darle al corazón lo que merece?

Firmado: Laura, a veces miedo, a veces amor…

Autora: Laura Arcos Castillo
Psicóloga de la Escuela de Inteligencia. Experta en Coaching, Inteligencia Emocional y PNL. Master en Inteligencia Emocional por la Escuela de Inteligencia

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